Mientras debatíamos...
Los debates son necesarios. El problema empieza cuando las respuestas siempre llegan después de la violencia.
Mientras unos discutían sobre soberanía... un estudiante de 21 años apareció muerto en Sinaloa.
Mientras otros discutían sobre censura... un comando armado entró a un negocio en Cuernavaca: dos jóvenes murieron y cinco personas resultaron heridas.
Y mientras el debate seguía... en Civac, Morelos, encontraron a tres hombres ejecutados dentro de una vivienda.
Ahí está el problema.
No es que en México falten debates.
Sobran.
Esta semana se discutió la soberanía nacional.
Se discutió si los nuevos lineamientos sobre los derechos de las audiencias protegen a la sociedad o abren la puerta a la censura.
Cada quien defendió su postura.
Y todos tienen derecho a hacerlo.
Pero la violencia no espera a que termine el debate.
Mientras el país discute...
Hay una madre buscando a su hijo.
Hay otra despidiéndose de él.
Hay una ciudad acordonada.
Y otra despertando con una nueva escena del crimen.
No hay nada de malo en debatir.
Lo preocupante es cuando el debate se vuelve más constante que las soluciones.
Porque las conferencias terminan.
Los discursos cambian.
Las víctimas no.
Nos seguimos leyendo, pulgas.



