Cuernavaca: millones en obras, ¿y la calidad?
Más de 300 millones de pesos fueron aprobados para obra pública en Cuernavaca durante 2026. La pregunta ya no es cuánto se gastó. La pregunta es si los ciudadanos recibieron la calidad que se les prom
Más de 300 millones de pesos.
Ésa es la inversión en obra pública que el Ayuntamiento de Cuernavaca aprobó para 2026.
Una cifra de ese tamaño no sólo obliga a construir calles.
Obliga a construir confianza.
Porque cuando se invierte dinero público, la pregunta ya no es cuánto costó una obra.
La pregunta es otra.
¿Los ciudadanos recibieron la calidad que se les prometió?
Ése es el verdadero examen de cualquier gobierno.
No el banderazo.
No el corte del listón.
No la fotografía de inauguración.
El examen empieza cuando la obra entra en servicio.
Cuando pasan los primeros meses.
Cuando llegan las lluvias.
Cuando los vecinos vuelven a caminar por esas calles.
Y cuando los ciudadanos empiezan a preguntarse si aquello que pagaron realmente vale lo que costó.
En el Centro Histórico, el Ayuntamiento anunció una intervención integral en calles como Cuauhtemotzin, Mariano Abasolo, Motolinía y Nezahualcóyotl.
En Cuauhtemotzin, por ejemplo, se informaron dos contratos por 5.03 millones y 4 millones de pesos, que incluyeron pavimentación, sustitución de redes de agua potable y drenaje, banquetas y accesibilidad.
La promesa era clara.
No sólo renovar el pavimento.
Renovar infraestructura que llevaba años esperando atención.
Pero conforme avanzaron las obras también crecieron las dudas.
Comerciantes denunciaron pérdidas económicas por los cierres prolongados.
Hoteles reportaron una disminución en la ocupación.
Restaurantes hablaron de problemas con el suministro de agua y de gastos extraordinarios para contratar pipas.
Al mismo tiempo comenzaron a circular fotografías y videos compartidos por ciudadanos que cuestionaban la calidad de algunos acabados, señalaban detalles que consideraban inconclusos o preguntaban si realmente se ejecutó todo lo que originalmente se anunció.
La remodelación de la Glorieta La Luna también generó cuestionamientos públicos sobre si el resultado final correspondía a la inversión realizada.
No corresponde a este espacio emitir un dictamen técnico.
Pero sí hacer las preguntas que cualquier ciudadano tiene derecho a formular.
¿Se ejecutó todo lo contratado?
¿Se utilizaron los materiales especificados?
¿Las redes de agua y drenaje se sustituyeron donde estaba previsto?
¿Las correcciones fueron cubiertas por las garantías de las constructoras?
¿El costo final fue el mismo que se anunció al inicio?
Cada una de esas respuestas debería encontrarse en contratos, bitácoras, estimaciones y actas de entrega.
Porque cuando el dinero es público, la información también debe ser pública.
La calidad también forma parte del costo de una obra.
Una calle no sólo debe construirse.
Debe durar.
Debe funcionar.
Y debe corresponder a lo que los ciudadanos pagaron por ella.
Después de invertir más de 300 millones de pesos, la discusión ya no debería ser quién aplaude las obras y quién las critica.
La discusión debería ser mucho más sencilla.
¿La calidad de las obras corresponde al dinero que pagaron los ciudadanos?
Porque una obra pública no termina cuando se corta el listón.
Termina cuando, con el paso del tiempo, demuestra que el dinero de los ciudadanos fue bien invertido.



