El día que Morelos dejó de fabricar futuro
La salida de Nissan no significa solamente la pérdida de miles de empleos. También deja una pregunta mucho más incómoda: ¿qué modelo económico ocupará el lugar de la industria que durante décadas ayud
Se fue Nissan.
Y con ella, miles de empleos directos e indirectos ligados a una industria que durante décadas formó parte de la identidad económica de Morelos.
Pero el problema es todavía más grande.
No estamos perdiendo solamente una empresa. Estamos perdiendo el tipo de estado que alguna vez aspiramos a ser.
Con la llegada de Nissan a Morelos en la década de los sesenta comenzó a construirse algo raro —y valioso—:
vocación industrial.
La Ciudad Industrial del Valle de Cuernavaca (CIVAC) nació en 1966 con una idea bastante clara: impulsar el desarrollo económico y evitar que Morelos dependiera únicamente de los servicios y del turismo.
Ahí se instaló el primer complejo de manufactura de Nissan fuera de Japón.
Piénselo un momento.
Fuera de Japón.
De ese tamaño era la apuesta.
Y de ese tamaño es también lo que hoy está en juego.
Porque una planta industrial no es solamente el edificio donde se ensamblan automóviles.
A su alrededor aparecen proveedores.
Transportistas.
Ingenieros.
Técnicos.
Comercios.
Servicios.
Familias enteras.
Una fábrica genera un ecosistema.
Y cuando desaparece, el problema no termina en la puerta de la fábrica.
Empieza ahí.
La pregunta entonces no es solamente por qué se fue Nissan.
La pregunta verdaderamente importante es:
¿qué va a ocupar su lugar?
El Gobierno de Morelos ha planteado destinar las instalaciones a un centro deportivo y cultural.
Y no hay nada malo en el deporte.
Tampoco en la cultura.
El problema es confundir una política social con una estrategia de desarrollo económico.
Un parque puede mejorar una comunidad.
Una cancha puede transformar la vida de un joven.
Un espacio cultural puede enriquecer una ciudad.
Pero ninguna de esas cosas sustituye por sí sola una planta industrial, sus empleos, su cadena de proveedores, su conocimiento técnico y la actividad económica que genera alrededor.
No estamos hablando de metros cuadrados.
Estamos hablando de vocación económica.
Y ahí aparece una contradicción difícil de ignorar.
A pocos kilómetros está el Parque Alameda, un espacio que durante años ha mostrado señales de deterioro y abandono.
Entonces vale la pena preguntar:
¿Necesitamos crear nuevos espacios públicos o demostrar primero que somos capaces de mantener los que ya tenemos?
Pero hay una pregunta todavía más importante.
¿Qué Morelos imagina este gobierno para dentro de veinte años?
Porque el desarrollo económico no consiste únicamente en apoyar pequeños comercios, ferias, mercados o emprendimientos.
Todo eso importa.
Pero una economía no puede construirse solamente alrededor del consumo y la subsistencia.
También necesita inversión.
Industria.
Tecnología.
Infraestructura.
Capital humano.
Empleos especializados.
Cadenas productivas.
Y, sobre todo, una estrategia capaz de atraer empresas que quieran quedarse durante décadas.
Eso fue lo que representó CIVAC.
No era perfecta.
Pero representaba una idea.
Morelos podía fabricar cosas.
Podía exportarlas.
Podía formar técnicos.
Podía atraer inversión internacional.
Podía competir.
Podía producir.
Por eso la salida de Nissan debería provocar algo mucho más serio que nostalgia.
Debería provocar una discusión sobre el futuro económico del estado.
¿Qué industrias queremos atraer?
¿Qué ventajas puede ofrecer Morelos?
¿Qué infraestructura necesita?
¿Qué talento debemos formar?
¿Qué empresas podrían ocupar el espacio económico que Nissan deja detrás?
Y, sobre todo:
¿existe realmente un plan?
Porque anunciar actividades para un inmueble es relativamente sencillo.
Construir una nueva vocación económica para un estado es otra cosa.
Requiere años.
Requiere inversión.
Requiere conocimiento.
Requiere continuidad.
Y requiere algo que escasea demasiado en la política:
pensar más allá del próximo evento y de la próxima fotografía.
Una fábrica se puede cerrar en un día.
Una vocación industrial tarda décadas en construirse.
Y cuando un gobierno sustituye una estrategia de desarrollo por una lista de ocurrencias, el problema no es solamente lo que se fue.
Es no saber qué poner en su lugar.
Morelos alguna vez quiso fabricar automóviles.
Hoy la pregunta es mucho más sencilla.
¿Qué quiere fabricar su gobierno para el futuro?
Nos seguimos leyendo, pulgas.



