MÉXICO Y SU ETERNO LLEGAR DESPUÉS
El crimen se instala, los morosos esperan y Cortés lleva cinco siglos muerto. La autoridad acaba llegando.
PONTE AL DÍA | MARTES 11 AGOSTO
Buenos días, banda. ¿Cómo les amaneció?
Arrancamos en Cuernavaca, donde la Fiscalía de Morelos informó que desarticuló una presunta célula relacionada con secuestro exprés y robo de vehículos. Hay cinco detenidos y las autoridades investigan si el mismo grupo también estaría detrás de robos a gasolineras.
Es una buena noticia, aunque deja una pregunta menos cómoda: ¿cuánto tiempo pudo operar? Porque las células criminales no inauguran ni cortan listón. Se instalan. Y cuando finalmente aparece el boletín anunciando que fueron desarticuladas, uno descubre que llevaban rato haciendo currículum.
En Sinaloa, mientras tanto, fueron detenidas 52 personas en apenas tres días. También se aseguraron 46 armas, 428 cargadores, 12 mil 282 cartuchos, cinco granadas y dos explosivos improvisados. En Culiacán aparecieron además casi 3 mil litros y 375 kilos de sustancias químicas utilizadas para producir metanfetamina.
Es un golpe importante para las organizaciones criminales. También una radiografía incómoda: un decomiso mide lo que el Estado logró quitarle al crimen, pero también lo que el crimen fue capaz de conseguir.
46 armas y 12 mil 282 cartuchos no son sólo un decomiso. También son inventario.
En Sinaloa hay demanda.
Y evidentemente hay proveedores.
De ahí pasemos a algo verdaderamente peligroso: el SAT.
Su Programa de Regularización Fiscal 2026 ya permitió recuperar 6 mil 436 millones de pesos, mediante reducciones de hasta 100% en multas, recargos y gastos de ejecución.
Fiscalmente tiene sentido: cobrar tarde es mejor que no cobrar. Pero imagine dos contribuyentes. Uno pagó completo y a tiempo. El otro dejó crecer el adeudo, acumuló multas y recargos y esperó.
Ahora el segundo puede recibir el estímulo para ponerse al corriente.
El primero también recibió algo por cumplir:
su recibo.
Y terminamos, como curiosamente ocurre con frecuencia en México, en el siglo XVI.
Claudia Sheinbaum propuso cambiar el nombre de Paso de Cortés, entre el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, por Paso de los Pueblos Indígenas. No sería el primer ajuste: Colón salió de Reforma, la Noche Triste se convirtió en Noche Victoriosa y Puente de Alvarado pasó a llamarse Calzada México-Tenochtitlán.
Reivindicar a los pueblos indígenas es legítimo. También lo es discutir a quién decide homenajear un país.
Pero México tiene una curiosa facilidad para ejercer soberanía sobre el pasado mientras le cuesta ejercerla sobre partes del presente.
Cortés murió hace casi cinco siglos. Ya no controla territorio mexicano.
Otros sí.
Y esos conquistadores contemporáneos no necesitan estatuas ni calles con su nombre.
Les basta con controlar una plaza.
Quizá tenga sentido quitarle el paso a Cortés.
Sería bastante más impresionante quitárselo a quienes todavía pueden usarlo.
Cuernavaca, Sinaloa, Hacienda y Hernán Cortés.
Cuatro historias distintas.
El mismo país.
Todo eso. Y apenas es martes.
Ya estás al día.
Nos seguimos leyendo, pulgas.



